Al que le caiga el guante que se lo chante
Julio R. Muñoz (*)
Si por descuido de algun relacionista público de una empresa medianamente importante les extienden una invitación a una conferencia de prensa, se sienten que ya llegaron a lo máximo.
Esta especie de directores (as) chichas piensa que las conferencias son un pasaporte al mundo mediatico. Llegan elegantes y perfumados (as), sonríen amablemente a todo el mundo, portando sus cámaras de última generación y sus grabadoras se acercan a los personajes centrales para hacerle preguntas insulsas y fuera de lugar - pues no se dieron tiempo de estudiar y conocer un poco sobre el tema central a tratar por el o los conferencistas – . Aparecen también con los más variados porta-carnets de relativo valor – también nosotros- pues las autoridades nunca se dieron el tiempo de otogárnoslos por lo insignificante que les parecen nuestras tareas informativas.
Los directores chichas llegan eso sí con “chauffeur” al lado, pues ya la licencia la perdieron – dicen que por borrachos -; o por que nunca la obtuvieron, por que la facilidad para obtenerlas sin residencia, hoy por hoy es casi imposible.
Ser director de un periódico “chicha” en los “Estados Unidos” llama la atención de los incautos y de los ambiciosos del dinero fácil aunque sea de oropel. No se necesita haber pisado nunca una “U”, y menos haber obtenido un “cartón” que lo convalide. Bueno, con haber asistido a un par de seminarios en una de las muchas universidades también chichas, o haber sido “plomero” en una imprenta grande de las que habían en nuestros convulsionados países basta. Pues, “en el país de los ciegos el tuerto es rey”.
Algunos directores de estos, son tan audaces que creen que todos somos ciegos y no nos damos cuenta cuando plagian un tema del Internet y lo editorializan como suyos.
Los hay también de los que llamaríamos directores “pantallas” – pero no por eso menos chichas- , es decir los que representan por un sueldito, a un acaudalado ambicioso que no le conviene aparecer en el cargo pero si en la foto y las adulaciones. Estos son los peligrosos porque siempre están tirando la piedra y escondiendo la mano. Sus intereses son siempre mezquinos y contrarios a los intereses del pueblo aunque abracen calculadamente causas populares.
Se sienten muy importantes en su cargo.
Desde que rompieron el “chanchito” y le metieron la mano al bolsillo a cuanto familiar incauto o amigo atraparon para armar su “primera gran edición inaugural”, aprovechando cuanta ocasión tuvieron para poner sus fotos rodeados de personajes que realcen su opaca personalidad, se sienten que ya se realizaron en los “Estados Unidos”. Algunos más ambiciosos (as) y organizados (as) se proyectan en lo personal para una “exitosa carrera burocrática” electiva.
Después, solo es cuestión de esperar – aunque no se imprima- y esperar que pase el tiempo –un año- para hacer el segundo encuentro con el destino. Por supuesto una segunda edición y otro gran evento publicitario – el primer gran aniversario festejado con bombos y platillos- la entrega de certificados de reconocimiento y trofeos a los consabidos políticos, algunos profesionales deshonestos y comerciantes sin bandera que le entran al juego mermelero.
Los directores chichas cambiaron de look, se engominaron el pelo, se lo lizaron si son del pelo y estrenaron lentes oscuros sino saben mirar a los ojos. Los hay de todos los tipos, también de los que aparecen cada tres meses con el cuento de la “rehabilitación” y sorprenden a la gente de buena fe.
Como son faranduleros (as) y presumidos (as), lo que más les encanta es la pachanga y la politiquería. Aman las relaciones públicas, las visitas y la eventual participación en un congreso de cualquier gremio. Ahí están en su berengel. Ese es su deporte favorito, asistir a eventos mil y codearse con otros directores –igualitos a el (o ella), tal vez con algunos artistas y escuchar los aplausos de cajón después de su pregunta al conferencista, aunque sea fuera de lugar, tras su presentación en “power point”.
A algunos se les da por formar asociaciones apócrifas, por supuesto que no representan a nada. Pero eso si con mucho aparato publicitario.
Ah…! Y lo que más les gusta es asistir a los izamientos no importa mucho de que clase pero que sea un buen izamiento, con mucho barullo y fanfarria. ¿Qué hará el director chicha allí? Pues lo que hacen todos los directores; representar a sus periódicos (aunque su tiraje sea de 3,000 copias y sean de Dios – o sea que aparezcan cuando Dios quiera – ) y sonrreir a todo el mundo y poner cara de huevo.
Por supuesto, cuentan con un celular de última generación y una laptop que portan hasta cuando van al reservado.
¿Hay rehabilitación para estos directores chichas? Tal vez sí. Tal vez algunos “colegas” puedan acercarse al pueblo y a sus quehaceres. Tal vez escuchen entrevistas de gente marginada y comprendan que las personas valen por lo que son y no por lo que ostentan. Tal vez comprendan que más importante es suscribir un comunicado, publicar una noticia que le concierne a la gente humilde que publicitar a un pseudo super-abogado especialista, o a un comerciante reiterativo mediático que cansa al público con su odiosa figura.
Pero por favor directores chichas, no saquen pecho ahora que se enteraron que el Senado de la Union aprobó declarar la última semana de octubre como la semana de la Prensa Hispana en mérito - honroso decirlo y modestia aparte somos parte de ese grandioso hecho- a la existencia de “800 periódicos hispanos con una circulación de 17,800,000, y más de 550 revistas hispanas con una circulación de 31,600,000” ejemplares .También es de honor reconocer que el mayor mérito le corresponde a esos dos gigantes de la prensa hispana y orgullo latino como son La Opinión en California y El Diario la Prensa en Nueva York.
(*) Julio R. Muñoz es Editor-Director del periódico CAMPANA NEWS. Periódico quincenal el Decano de los Periódicos (llamado así por los lectores que nos aprecian y que ya terminamos por creerlo), que tiene un tiraje de 10,000 copias en cada edición. En el mes de mayo cumplimos 14 años con salidas ininterrumpidas cada dos semanas.

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